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Una revolución cautelosa: El arte en el bogotazo

POR: FELIPE CARDONA

 

En medio de la bohemia despreocupada bogotana, entre vasos colmados de tinto y cigarrillos amargos, Pedro Nel Gómez conversa con Alipio Jaramillo sobre su último gran descubrimiento: los muralistas mexicanos. Afuera llueve a cántaros, las calles se revelan solitarias y el café donde conversan los artistas, atiborrado de gente, hiede a paño mojado y a betún. Gómez da un sorbo sostenido a su pocillo y con voz tibia relata a Jaramillo sobre la gesta revolucionaria de Rivera, Orozco y Siqueiros, que ensalza la tradición  campesina, la revolución agraria y el advenimiento del proletariado hacia el poder.

 

Jaramillo que desconocía por completo la obra de los tres pintores revolucionarios le pide entonces a su amigo le de a conocer el libro donde había visto las obras.- Pídeselo a Aurelio Arturo, a él se lo preste. Responde Gómez. – ¿Y ese que tiene que ver con la pintura, si ese es poeta? Comenta irónico Jaramillo.- Los poetas también son pintores pero pintan a su manera. Sentencia Gómez mientras sonríe con sorna.

 

Es el mes de septiembre del año de 1948, los jóvenes pintores caldenses y antioqueños ganadores de los salones en sus respectivas regiones vienen a la capital colombiana invitados a exponer sus obras en las llamadas galerías del Teatro Colón, entre ellos, Pedro Nel Gómez, Alipio Jaramillo y Marco Ospina, en quienes se nota una tendencia hacia el costumbrismo y el realismo natural. Para ellos una ciudad tan grande como Bogotá no representa más que caos y desesperanza, y más una ciudad que apenas se recupera del nefasto nueve de abril que la había sumido en un sombrío panorama.

 

 

Es por esto que para una nación en convulsión política y en pleno proceso de industrialización emergía un arte inquieto por la tradición, ese pasado ungido de visiones edénicas y pastoriles, el hombre solitario entregado a la tierra, aliviado de la efervescencia citadina, embriagado por el sopor de la hierba y los helados riachuelos. La consigna de nuestros provincianos artistas no puede ser más utópica, y es válida en la medida que rescata los valores ancestrales que el hombre moderno desestima. Sin embargo el arte no puede quedarse en esa queja primitiva, y ya se sienten campanas de muerte, pronto se desatará una ruptura definitiva.

 

-¿Te llegó la invitación? Pregunta Marco Ospina a Pedro Nel Gómez mientras caminan por el Parque de Las Nieves.

-Si. Alejandro Obregón envió una carta a la casa de Fernando Charry Lara, donde me quedo por estos días.

-Insólita la posición de Obregón, ¿No crees?. Después de afirmar en El Tiempo que el arte que se hace en Colombia carece de fuerza y pasión.

-No se te olvide que Obregón es español y practica un arte burgués y demasiado formal que nada tiene que ver con los destinos del pueblo.

 

El excéntrico pintor español Alejandro Obregón que se pasea por la ciudad pavoneándose y testimoniando su excesivo desdén hacia el arte académico colombiano, tiene en mente junto con la directora del museo nacional, Teresa Cuervo realizar el Salón de los 26, un itinerario con los artistas colombianos más destacados. Se pone como fecha para la apertura de la exposición el doce de octubre. Los ojos de todos los medios de comunicación y de los conocedores de arte se centran en este evento y sobretodo con especial particularidad en el pintor recién nacionalizado Alfredo Wiedemann, uno de los expositores, que había huido de los horrores de la Alemania nazi para refugiarse en el paraíso lluvioso de la selva chocoana y que por primera vez exponía en Bogotá.

 

Llega al fin el esperado día de la exposición, el público bogotano no espera sorpresas y mucho menos cuestionamientos profundos en las obras. La pintura siempre ha sido en Bogotá un muestrario de costumbres. Lo virtuoso del cuadro está en lo parecido que sea con la realidad. Alejandro Obregón, que ya conoce al público bogotano desde que arribó en el país en 1944, hace una pequeña introducción a la muestra, pero se nota algo incómodo, parece que sospechara lo que su obra va a causar en el arcaico entendimiento de la élite bogotana. 

 

Se destapan las obras al unísono, de pronto el público aterrado contempla una batalla entre la perturbación y la calma, entre el vértigo y la compostura. La explosión desencadenada contra la calma primitiva. Obregón y Wiedemann, los vanguardistas, haciendo frente a la modernidad desde el repudio hacia lo primitivo, mientras Jaramillo y Ospina elegidos jinetes de la tradición y la costumbre  haciendo frente desde el considerado arte de buen gusto.

 

El público toma cartas en el asunto y desdeña el arte de Obregón y de Wiedemann, el trazo brioso y robusto del español no deja de ser para el público bogotano más que un rayón furioso sobre la tela, sin intenciones y demasiado quejumbroso. Por su parte las figuras negras de Wiedemann, delgadas y frías al mejor estilo del expresionismo alemán, son miradas con el desprecio con el que se mira el dibujo de un infante. Las pinturas costumbristas de Gómez, Jaramillo y Ospina, resultan las más destacadas por un público pacato y conservador.

 

El trazo colorido transgresor de los pintores europeos fue entonces vencido por los colores tierra de los pintores folcloristas colombianos. Sin embargo Obregón, había causado una conmoción tal con su oleo Masacre del 10 de abril, que la prensa bogotana no le quito el ojo de encima desde entonces, lo mismo sucedió con Wiedemann. Más sólo un año después de la hazaña europea, en el periódico El Tiempo un artículo de Jorge Gaitán Durán con el título de nueva pintura colombiana, hacia un estudio, meticuloso de la obra del recién nacionalizado Alejandro Obregón.

 

De todas formas, ese artículo no supero la controversia y no fue tomado en cuenta por los entendidos del arte. Obregón y Wiedemann seguían siendo para ellos una adversidad atípica que sólo se representaban a sí mismos, pero que no era capaces de potenciar toda una ruptura en el arte . Habrían de pasar varios años para que apareciera la crítica argentina Marta Traba en la esfera pública colombiana, para encarnar la figura del jinete del apocalipsis que vendría a hacer justicia con estos artistas. Pocos colombianos estaban aptos para asimilar el nuevo arte en 1948, por eso esa estética de ruptura en sus inicios transitó entre las sombras, los grandes acontecimientos en sus inicios ejercen su transgresión desde el silencio.      

 

 

 

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La sombra de Sinaloa

Según recientes informes de Justicia Nacional Electoral en Argentina, el cartel de Sinaloa financió a la administración actual de ese país.

Por Fernando Torres

Menos de un año después de ganar las elecciones presidenciales, Cristina Fernández de Kirchner enfrenta la acusación de haber recibido dinero de una de las organizaciones narcotraficantes de mayor trascendencia en América Latina, la mafia sinaloense de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.

El panorama económico de Argentina no es el mejor; de hecho, en encuestas realizadas por diferentes medios locales, se revela que las zonas rurales, que aportaron la mayoría de votos para la candidatura de Cristina Kirchner, retiran su apoyo al comparar el malestar de 2008 con el “paraíso”, según afirman los encuestados, que se vivía tres años atrás.

Se suman a los apuros de la mandataria la creciente inflación y la deuda en bonos con el Club de París, un nuevo intento del Gobierno para volver a ingresar al mercado de capitales internacionales. Una coyuntura política que encuentra un nuevo punto álgido tras las denuncias de posibles nexos con un cartel narcotraficante.

De acuerdo con el informe contratado por la agencia de noticias Notimex, dos empresas farmacéuticas, Seacamp y Unifarma, aportaron ciento veinte mil dólares a la campaña de la actual presidenta de Argentina. La trascendencia de esta financiación se aclara con dos sucesos recientes: el asesinato del presidente de Seacamp, Sebastián Forza, que apareció el trece de agosto junto con otros dos hombres en una zanja, atados de manos y con tiros de gracia en la cabeza; el suicidio de Ariel Vilán, dueño de Unifarma, que se quitó la vida el veinticuatro del mismo mes tras haberle dicho a sus familiares que así escapara, “no llegaba vivo al aeropuerto”.

La relación de estos dos empresarios con el cartel de Sinaloa se concreta tras un operativo de la policía argentina en contra de una banda fabricadora de drogas de diseño – compuestos no adictivos que alteran temporalmente el estado de conciencia –, en el que se capturó a nueve mexicanos pertenecientes a una célula de la mafia sinaloense y se descubrieron en el celular de Jesús Martínez Espinoza, los datos de Forza. Al parecer, el empresario le vendía efredina a la mafia, pero en algún momento del negocio algo salió mal y decidieron eliminarlo. No se ha sacado nada en claro al respecto pues los detenidos se negaron a declarar para proteger a sus familias, según se publicó en el diario La Nación.

El Gobierno negó la posibilidad de filtración del narcotráfico mexicano en su financiación a través de las empresas farmacéuticas, el comentario del Ministro del Interior, Florencio Randazzo fue: “Es un disparate absoluto que no tiene ninguna consistencia”. La respuesta de la oposición, encabezada por los partidos Coalición Cívica y Unión Cívica Radical, fue inmediata, solicitando que se investiguen los fondos de la campaña de Fernández.

Como sucedía con Pablo Escobar, Joaquín Guzmán Loera es incapturable. Las autoridades mexicanas lo han ubicado en diversas ocasiones, pero siempre logra fugarse. Hace siete años huyó del penal de máxima seguridad de Puente Grande, en Jalisco. Junto con Ismael Zambada, alias “El mayo”, lidera una de las organizaciones criminales y narcotraficantes más importantes del continente.

De comprobarse las acusaciones, la administración Fernández de Kirchner se vería comprometida en el proceso 8000 argentino, un descrédito político por haber permitido o ignorado que el cartel de uno de los hombres más perseguidos, “El Chapo”, lavara el dinero de la droga por medio de una campaña electoral.

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El cerco de Ucrania

Por Fernando Torres

El país que por querer hacer parte de la OTAN y la Unión Europea, podría desencadenar un nuevo enfrentamiento entre los antiguos enemigos, Rusia y Estados Unidos.

Las tensiones políticas de dos irreconciliables contrincantes del panorama internacional se concentran ahora alrededor de las intenciones del gobierno ucraniano por construir alianzas con las confederaciones de Estados occidentales más importantes.

Siguiendo la costumbre de naciones ex pertenecientes al bloque comunista, que por años estuvieron marginadas de las dinámicas financieras de Occidente, Ucrania, con el liderazgo de Víctor Yúshchenko, da muestras de querer entrar en el mercado capitalista como una nación fuerte, moderna y en busca de mejores condiciones políticas y económicas a nivel internacional.

El Primer MInistro de Rusia, Vladimir Putin, volvió a marcar territorio asegurando que, así su gobierno no deba ni pueda interferir en las decisiones de otra nación soberana; la entrada de Ucrania a la OTAN conllevaría al posicionamiento de armamento militar occidental, principalmente estadounidense, y que de ser así, su gobierno no tendría otra salida que responder en el acto con una ofensiva armamentista. Esto se debe a que el Kremlin juzga a Estados Unidos de querer: “neutralizar el potencial nuclear y de misiles de Rusia”.

Esta acusación se sustenta en la tentativa estadounidense de crear alianzas militares con países como la República Checa y Polonia en su escudo de defensa antimisiles, una estrategia de contención para refrenar la amenaza nuclear rusa y proteger sus intereses en la región.

Ante el posible ataque ruso a Ucrania, el Presidente Yúshchenko afirmó que su orientación actual “no apunta contra terceros países, y menos aún contra Rusia”. Y además afirma que en la constitución de su país está estipulado que ningún Estado extranjero puede emplazar bases militares en el territorio ucraniano.

Para el politólogo de la Universidad Javeriana, Manuel Carreño, la posición rusa es una tentativa por sobresalir ante el mundo y demostrarse como un Estado fuerte y competitivo. Con respecto a las intenciones de Ucrania de hacer parte de la OTAN, afirma que: “Es una buena oportunidad para las naciones pequeñas, pues significa la descentralización del poder de las grandes potencias, y su distribución más equitativa”.

¿Una nueva crisis de misiles?

El temor de los analistas políticos internacionales es recordar la crisis de 1962, el momento más peligroso para la humanidad que se experimentó durante la Guerra Fría. Estados Unidos había detectado el emplazamiento de misiles soviéticos en territorio cubano y bloqueó la isla demandando que se desmantelaran las armas nucleares.

Durante trece días la amenaza nuclear estuvo en vilo y el mundo enfrentó la mayor incertidumbre, que terminó con el retiro de las tropas y artefactos soviéticos el 28 de octubre, con la condición de que Estados Unidos no invadiera a Cuba y retirara a su vez, sus misiles instalados en Turquía.

El conflicto se resolvió gracias a la diplomacia y cabeza fría de los entonces presidentes John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Kruschev. Pero el panorama no es tan alentador en la actualidad, con dos líderes tan reacios y de reacciones intempestivas como George W. Bush y Vladimir Putin, dispuestos a mantenerse firmes en sus posiciones a pesar de las críticas.

La disputa empeora con la situación de Georgia –aliado de Estados Unidos– y las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, apoyadas por Rusia. La Unión Europea ha tomado la decisión de aplazar las negociaciones del Acuerdo de Cooperación y Asociación, que venía adelantando con Moscú, hasta que las tropas del Ejército Rojo no abandonen el territorio georgiano.

La decisión de los así llamados, “los Veintisiete”, propugna una solución diplomática a todos los conflictos que últimamente han sembrado entre los analistas el temor a una “miniguerra fría”, y rechaza toda intervención militar, incluso por parte de la OTAN. Rusia se encuentra en una posición en desventaja, pero su capacidad militar no debe ser tomada a la ligera, ni tampoco su tendencia a defender la región de las influencias occidentales. Por ahora, el cerco a Ucrania se mantiene, como las demás naciones pequeñas, en medio de una batalla que revive, mutatis mutandis, las contradicciones de dos visiones políticas recalcitrantes.

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Memorias de una Primavera

Por Fernando Torres

La República Checa y Eslovaquia conmemoran los cuarenta años de la invasión a sus territorios por tropas de la Unión Soviética.

Las ideas que inspiraron la plataforma política del reformista Mijail Gorbachov y que nacieron del deseo de un “socialismo con rostro más humano”, fueron interrumpidas por la ocupación soviética en 1968; el corto período en que alcanzaron a ser ejecutadas se recuerda hoy como una lejana pero vigente, “Primavera de Praga”.

Las naciones que hasta 1993 eran una sola, evocan la fecha del 20 de agosto como el fin del programa de reformas impulsado por Alexander Dubcek, quien levantó las restricciones a la libertad de prensa, de expresión y de movimiento, además de llevar la economía a una motivación cercana al capitalismo enfocándose en el consumo.

En plena Guerra Fría, que uno de los brazos de la Unión Soviética pretendiera capitalizar su economía e hiciera transformaciones a las restricciones políticas hegemónicas podía ser considerado como una traición, además de un peligroso ejemplo para las demás naciones pertenecientes al bloque comunista. La invasión a Checoslovaquia fue la respuesta del poder central, que no podía permitir una separación, ni mucho menos el consecuente efecto dominó.

El saldo de muertos y exiliados que dejó esta acción militar hace cuarenta años es comparable en términos políticos y de fondo con el conflicto actual en la región con intereses separatistas de Osetia del Sur y Abjasia. La tendencia que se puede identificar, no sólo en el flanco comunista, es la de evitar a toda costa que los territorios subalternos cambien de bandera, en una contienda que sigue cobrando vidas entre los que poco tienen que ver con el asunto.

La doctrina de ocupación fue impulsada por el entonces Primer Secretario General del Partido Comunista, Leonid Brezhnev, quien defendió sus actuaciones invasivas con las palabras: “Cuando las fuerzas que son hostiles al socialismo intentan desviar el desarrollo de un país socialista hacia el capitalismo, el asunto se convierte no sólo en un problema del país en cuestión, sino en un problema común y una preocupación para todos los países socialistas”. Medida con precedentes y parecida a la toma de Hungría en 1956 por parte del Ejército Rojo soviético.

La resistencia fue civil y no militar. Dubcek y otros miembros del gobierno checoslovaco fueron raptados y llevados a Moscú con la intención de que firmaran tratados y convenios que pusieran fin a las reformas que habían tratado de implementar en su Primavera.

Mientras tanto, en Praga los estudiantes y ciudadanos hacían protestas, la mayoría pacíficas, alrededor de las fuerzas invasoras, manifestando su apoyo al gobierno y repudiando la opresión del andamiaje comunista. Sin embargo esta rebelión fue efímera e inútil, pues la implementación del toque de queda por el ejército soviético sentenció a muerte a quienes decidían no acatarlo. Las barricadas fueron levantadas, las plazas desocupadas y Dubcek, en 1969, fue destituido del gobierno. El poderío del Pacto de Varsovia se había impuesto nuevamente sobre una nación con pretensiones reformistas.

Sólo hasta 1989, con la Revolución de Terciopelo y el fin del régimen comunista, Checoslovaquia conoció la liberación. Gran parte de las reformas entabladas por Gorbachov fueron inspiradas en el “socialismo con rostro más humano” de Alexander Dubcek y cuatro años después nacerían la República Checa y Eslovaquia de una escisión democrática, las mismas que rememoran hoy la fallida pero fructífera Primavera de Praga de los años sesenta.

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Osetia del Sur, la encrucijada

Por: Fernando Torres

La soberanía de la República de Osetia del Sur fue proclamada el 20 de septiembre de 1990, luego de haber pertenecido, por mandato de Iosif Stalin, a la entonces República Soviética de Georgia, desde 1922. Sin embargo, su independencia nunca fue aceptada por otro país, y hoy, con la intervención de los antiguos polos opuestos de la Guerra Fría, se reviven los enfrentamientos militares que sucedieron a su declaración en la última década del siglo XX.

El pueblo osetio pertenece a una etnia distinta a la georgiana, proviene de las llanuras rusas al sur del río Don y fue movilizado en el siglo XIII hasta el territorio que actualmente ocupa por las invasiones mongolas en las montañas del Cáucaso. Sus intenciones de independencia se deben al deseo general de regresar junto a sus hermanos étnicos de Osetia del Norte, una región autónoma de Rusia.

El inicio del conflicto en la región puede ser rastreado hasta el ocaso de la Unión Soviética y se agudizó tras la llamada Revolución Rosa en 2003 y la ulterior elección del primer mandatario de Georgia, Mijail Saakashvili, un año más tarde. Saakashvili, en su afán de incorporar su país a la Unión Europea y la OTAN, declaró todo el territorio bajo control gubernamental, contando a las separatistas Osetia del Sur y Abjasia; el presidente pretendía conquistar a las regiones con intereses independentistas por vía política mientras que con la ayuda del gobierno estadounidense, fortalecía su aparato militar.

En 2006, en un referendo promovido por los separatistas, se votó por la absoluta independencia, contando con el establecimiento de tropas rusas en el territorio con el objetivo de mantener la paz, aunque desde Moscú se anuncia un incondicional apoyo a la separación.

Desde Occidente y como respuesta a la presencia militar rusa en la región, el pasado 13 de agosto Estados Unidos anunció que usaría aviones y fuerzas navales para brindar ayuda a Georgia debido a la fragilidad en el cese al fuego por parte del Kremlin, anunciado un día antes.

A raíz de esta polémica situación, la Unión Europea, con la presidencia rotatoria en Francia, ha tomado la iniciativa de promover el cese al fuego y del restablecimiento de la paz con la condición de que tanto las tropas georgianas como rusas se retiren de la región y regresen al punto en que se encontraban antes del comienzo del conflicto. Este plan fue aprobado por los Estados Unidos, aunque es inminente la victoria militar y diplomática de Rusia debido a su fuerte influencia en el territorio.

Tras cinco días de hostilidades, los dos países aceptaron el plan y en Tiflis, capital de Georgia, los manifestantes celebraron la decisión y demostraron su apoyo al presidente Saakashvili, denigrando la intervención de Rusia.

Aunque la iniciativa sea la de retirar las tropas, los ánimos de ambos bandos continúan en su tónica beligerante y todavía faltan varias negociaciones para alcanzar un verdadero acuerdo en cuanto al restablecimiento de la paz y la soberanía de la región.

Los intereses

Las relaciones entre Georgia y Estados Unidos van más allá de esta colaboración coyuntural. Por ejemplo, es innegable la presencia de tropas georgianas en el ejército de ocupación en Iraq como parte de la coalición liderada por su aliado más importante. Además, está vigente la motivación del presidente Saakashvili para occidentalizar su país y reforzar su maquinaria bélica con apoyo de sectores industriales y gubernamentales estadounidenses.

Osetia del Sur es también una región rica en recursos energéticos, como el petróleo, éste ya un conocido objetivo primordial y piedra angular de las intervenciones internacionales de Rusia y los Estados Unidos; para el bando occidental, las alianzas entre Osetia y la potencia asiática significarían una disminución considerable, si no total, del control sobre la obtención de estos recursos.

El costo humano ha sido alto con miles de muertos y desplazados que piden paz en Gori y Tiflis. Algunos han terminado en campamentos para refugiados tanto en Rusia como en Georgia, Estados que según las víctimas: “debieron haberse sentado a dialogar, antes de comenzar a matarnos”.

El conflicto en Osetia del Sur podría ser visto como otra de las reminiscencias de la Guerra Fría, una encrucijada de intereses bipolares que resurge tras veinte años de relaciones diplomáticas relativamente estables.

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Psychobilly: música, cine y terror

El psychobilly hace su aparición en Colombia con Helldogs.

Por: Alejandra Vanegas

La banda Helldogs suena a country, blues, swing, rock and roll, punk y surf, mezclado con unas líricas sarcásticas que evocan las películas norteamericanas de horror de los años 80.

Sus integrantes son Jaime Torres de veintiséis años, en el contrabajo, Agustín River de veinticuatro , en la batería, y Maximiliano Domínguez de veinticinco, guitarrista y vocalista. Estos tres jóvenes se juntaron hace dos años movidos por el psychobilly, un ritmo muy particular y poco conocido en el país.

Hablar de Helldogs, es hablar de psychobilly en Colombia, ya que se han convertido en el grupo más importante y tal vez el más representativo a nivel nacional.

Estéticamente este subgénero musical logra combinar el llamativo rock and roll de Elvis con el estilo country del vaquero Billy the Kid, adornado además con personajes de las películas de los 80’s como Freddy Krueger y Jason.

En los primeros pasos que dio era más importante la música que la estética, posteriormente la fuerza de las letras le dio preponderancia y cabida importante dentro del subgénero a la forma de vestirse, así las calaveras y las cosas del diablo se convirtieron en un distintivo característico del psychobilly que logra diferenciarlo de la estética punk y rockabilly que se asemejan mucho. El percusor de este subgénero del rockabilly -fusión entre country, gospel y rock and roll es Johnny Cash, cantautor estadounidense. En una canción llamada One piece at a time, hizo un juego de palabras en donde combinó el horror con temáticas de psychos -loco, demente, psicópata- y así dio vida a psychobilly cadillac, el cual se convertiría en el primer término que hacia alusión ritmo. Formalmente nació en los 80’s con la banda Meteors que fusionó el rockabilly con el ritmo punk.

“En un principio lo oíamos como rock, pues no sabíamos en realidad que se trataba de un subgénero musical”, menciona Agustín, con el tiempo comenzaron a investigar en la Internet y a empaparse del tema. Como encontraron varias cosas interesantes que compartían los tres, decidieron crear la banda.

En Colombia el psychobilly no es considerado una tribu urbana, tampoco esta enfocado a la política, es decir, “no esta a favor de nada ni lucha contra algo, es mas bien un grupo de personas que comparten un gusto especial por las películas de horror y por aquel subgénero del rockabilly que recogió de modo armónico la temática del terror con varios géneros musicales como el swing, country, surf y blues” cuenta Jaime.

“El psychobilly no es radical, no pretende formar pandillas ni marcar territorialidad, es un grupo individual que oye y disfruta de la buena música”, agrega Maximiliano.

Para Agustín River, este subgénero logra enfocar la música al cine, principalmente a las películas de bajo presupuesto de los 80’s, Es como ver a Elvis en una película de horror de George Romero”. El color de la música y las temáticas terroríficas logran compenetrarse para dar como resultado una producción musical de humor negro.

Musicalmente, existen dos tendencias principales, la primera de ellas atiende más al estilo rockabilly, mientras que la segunda es mas pesada, por lo tanto se identifica más con el punk. Sea cual sea la tendencia, lo más importante es el contrabajo, que en realidad viene a ser el “Billy”, el común denominador de este subgénero musical.

Jaime Torres se dedica al contrabajo desde hace ocho meses, pues los contrabajistas que les colaboraban generalmente no cumplían con las exigencias del grupo. Por este motivo, siendo éste el instrumento clave dentro del psychobilly, decidió dejar la guitarra y dedicarse de tiempo completo al contrabajo. Para Jaime no ha sido fácil tocar este artefacto de gran tamaño, ya que su magnitud exige una mayor precisión, fuerza y concentración.

“Somos una banda muy purista, pretendemos mantener las raíces del psychobilly”, de este modo, “no toleramos mezclas que puedan transformar la intención y el ritmo”. Afirma Agustín.

La escena psychobilly latinoamericana es muy pobre, excepto en Brasil, donde se realiza el segundo festival más grande del mundo en la ciudad de Curitiva, a él asisten muchas bandas nacionales e internacionales. Por otro lado, el festival más importante se llama Calega Psychobilly Meeting Festival, que tiene lugar en España y logra agrupar por ocho días a las principales bandas psycobilly del mundo.

La filosofía psychobilly atiende a una idea material en donde son importantes la pinta, los carros, los tatuajes, las motos y una rebeldía contra nada debido a la carencia de aspectos políticos en su pensamiento musical. Es así como, el escándalo y la parafernalia se convierten en los talantes distintivos del subgénero “Me pongo lo que quiero porque es lo que me gusta”.

En 2007 en Bogotá, se llevó a cabo el primer festival psychobilly llamado Halloween de los muertos, Helldogs fue encargado de abrir el concierto, donde se fundieron varias bandas de surf, punk y rock and roll.

A pesar de que aún no han grabado ningún disco Helldogs, ensayan constantemente con el fin de sacar su primera producción este año. El camino no ha sido fácil, ya que En Colombia no hay quién nos enseñe, lo que hemos aprendido sobre el psychobilly ha sido empíricamente” Opina Maximiliano.

FOTOGRAFÍAS: CORTESÍA HELLDOGS PARA LA AUTORA

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El estatuista

Por: Fernando Torres

Mire, yo sé que cuando usted tiene la oportunidad de recorrer la Séptima, lo hace siempre o casi siempre, distraído. A quién le va importar ponerse a ver las caras de los que por poco se estrellan con usted, los dulces de esas señoras que se acercan hablando en un idioma que usted prefiere no entender, u oler esos perfumes sin procedencia que se aparean en el aire creando nuevos aromas a los que su nariz ya parece estar acostumbrada, o es que ya no los puede percibir.

Suele suceder que vea usted a una persona que le guste, entonces su cuello empieza el inútil contorneo hasta que sus ojos sólo ven su pelo, ella o él no le puso atención, mala suerte. Usted sigue andando y preguntándose por qué no cogió un taxi, al fin y al cabo está gastando energía, pero qué más da, caminar es bueno. Entonces, entre tanto ajetreo, nota usted que hay ciertos jóvenes quietos, parecen estatuas. Se detiene, y como es normal, la persona detrás de usted choca con su espalda pues también va distraída. Hágase el que no siente nada y, pendiente de no lastimar a nadie más en ese trancón humano, acérquese a algún estatuista.

Note cómo su piel está completamente embadurnada de pintura, alcanza a ver los poros y todo. El traje puede ser cualquiera, pero eso sí, todos bien elaborados: robot, jeque árabe, soldado, personaje del siglo XIX o XX, etc. Deposite una moneda en la cajita justo abajo y verá cómo la estatua de repente cobra vida haciendo movimientos marcados y lentos, un leve cambio de expresión en el rostro, pero eso sí, la mirada triste no tiene arreglo. No importa cuántos billetes intente meter por la ranura. Pero no son estos maquillados y bien-vestidos por los que usted se va a interesar. Es uno que se encontrará más adelante si sigue caminado, sentido sur-norte, por supuesto.

Esté pendiente de todo lo que vea, ahora sí puede darse el gusto de comerse un manjar de rostros e imágenes. Puede usted ver a la niña amarrándose los zapatos mientras la mamá se desespera rascándose la cabeza porque el papá se metió a una tienda a pedir una cerveza porque es que el día ha estado muy largo y ese sol no deja pensar. También pasará al lado del embolador de zapatos que tramposamente rinde el betún con cierto líquido guardado como tradición milenaria en un tubo de crema dental descolorido. Entonces se encontrará con el estatuista más dramático. Es un viejo de unos setenta años, cabeza blanca como la de ese señor rojo que usted tanto conoce. Y sí, está disfrazado de Papá Noel, sólo que su casaca es una simple camiseta blanca tirando a rojo y no al revés, su barba son tiras de algodón rasgadas tal vez con rabia y su pose cambia constantemente sin necesidad de monedas pues la edad no le permite hacer mayores esfuerzos. Los ojos del viejo se muestran siempre irritados, como a punto de llorar, lo curioso es que no lo hace, usted tampoco lo haga.

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