El cerco de Ucrania

Por Fernando Torres

El país que por querer hacer parte de la OTAN y la Unión Europea, podría desencadenar un nuevo enfrentamiento entre los antiguos enemigos, Rusia y Estados Unidos.

Las tensiones políticas de dos irreconciliables contrincantes del panorama internacional se concentran ahora alrededor de las intenciones del gobierno ucraniano por construir alianzas con las confederaciones de Estados occidentales más importantes.

Siguiendo la costumbre de naciones ex pertenecientes al bloque comunista, que por años estuvieron marginadas de las dinámicas financieras de Occidente, Ucrania, con el liderazgo de Víctor Yúshchenko, da muestras de querer entrar en el mercado capitalista como una nación fuerte, moderna y en busca de mejores condiciones políticas y económicas a nivel internacional.

El Primer MInistro de Rusia, Vladimir Putin, volvió a marcar territorio asegurando que, así su gobierno no deba ni pueda interferir en las decisiones de otra nación soberana; la entrada de Ucrania a la OTAN conllevaría al posicionamiento de armamento militar occidental, principalmente estadounidense, y que de ser así, su gobierno no tendría otra salida que responder en el acto con una ofensiva armamentista. Esto se debe a que el Kremlin juzga a Estados Unidos de querer: “neutralizar el potencial nuclear y de misiles de Rusia”.

Esta acusación se sustenta en la tentativa estadounidense de crear alianzas militares con países como la República Checa y Polonia en su escudo de defensa antimisiles, una estrategia de contención para refrenar la amenaza nuclear rusa y proteger sus intereses en la región.

Ante el posible ataque ruso a Ucrania, el Presidente Yúshchenko afirmó que su orientación actual “no apunta contra terceros países, y menos aún contra Rusia”. Y además afirma que en la constitución de su país está estipulado que ningún Estado extranjero puede emplazar bases militares en el territorio ucraniano.

Para el politólogo de la Universidad Javeriana, Manuel Carreño, la posición rusa es una tentativa por sobresalir ante el mundo y demostrarse como un Estado fuerte y competitivo. Con respecto a las intenciones de Ucrania de hacer parte de la OTAN, afirma que: “Es una buena oportunidad para las naciones pequeñas, pues significa la descentralización del poder de las grandes potencias, y su distribución más equitativa”.

¿Una nueva crisis de misiles?

El temor de los analistas políticos internacionales es recordar la crisis de 1962, el momento más peligroso para la humanidad que se experimentó durante la Guerra Fría. Estados Unidos había detectado el emplazamiento de misiles soviéticos en territorio cubano y bloqueó la isla demandando que se desmantelaran las armas nucleares.

Durante trece días la amenaza nuclear estuvo en vilo y el mundo enfrentó la mayor incertidumbre, que terminó con el retiro de las tropas y artefactos soviéticos el 28 de octubre, con la condición de que Estados Unidos no invadiera a Cuba y retirara a su vez, sus misiles instalados en Turquía.

El conflicto se resolvió gracias a la diplomacia y cabeza fría de los entonces presidentes John F. Kennedy, Fidel Castro y Nikita Kruschev. Pero el panorama no es tan alentador en la actualidad, con dos líderes tan reacios y de reacciones intempestivas como George W. Bush y Vladimir Putin, dispuestos a mantenerse firmes en sus posiciones a pesar de las críticas.

La disputa empeora con la situación de Georgia –aliado de Estados Unidos– y las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, apoyadas por Rusia. La Unión Europea ha tomado la decisión de aplazar las negociaciones del Acuerdo de Cooperación y Asociación, que venía adelantando con Moscú, hasta que las tropas del Ejército Rojo no abandonen el territorio georgiano.

La decisión de los así llamados, “los Veintisiete”, propugna una solución diplomática a todos los conflictos que últimamente han sembrado entre los analistas el temor a una “miniguerra fría”, y rechaza toda intervención militar, incluso por parte de la OTAN. Rusia se encuentra en una posición en desventaja, pero su capacidad militar no debe ser tomada a la ligera, ni tampoco su tendencia a defender la región de las influencias occidentales. Por ahora, el cerco a Ucrania se mantiene, como las demás naciones pequeñas, en medio de una batalla que revive, mutatis mutandis, las contradicciones de dos visiones políticas recalcitrantes.

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