Proyección interrumpida

Por: Fernando Torres

Las funciones de los teatros Apolo, Atenas y Capitol se suspendieron una semana tras el magnicidio del líder Jorge Eliécer Gaitán.

Se anunciaba desde días antes en el periódico El Tiempo el estreno de la película Los ojos del Nilo, una nueva aventura de “El lobo solitario” con Gerald Mohe y Nancy Saun. El muchacho, un estudiante de Derecho con pretensiones artísticas, como si las leyes se mezclaran con el cine, espera frente al teatro Apolo con el peso con veinte centavos que vale la entrada.

La Compañía Cinematográfica de Colombia fue creada en 1920 por Arturo Acevedo Vallarino y sus hijos, Gonzalo y Álvaro Acevedo Bernal, proyectando obras internacionales de las compañías Pathe y Gaumont, bañándolas con las cotidianidades locales del país, trasladando las temáticas imperantes —como el amor, las enfermedades incurables y dramas sociales— a contextos regionales y variopintos.

Desde 1924 hasta 1937 la totalidad de las películas proyectadas en Colombia fueron mudas. A partir de este último año y hasta 1955, los Acevedo incursionaron en la producción sonora y fortalecieron el andamiaje técnico de su empresa. La obra escogida para inaugurar la historia del largometraje colombiano fue María, de Jorge Isaacs, llevada al cine por el director español radicado en Panamá, Máximo Calvo.

El muchacho recuerda esas noches de aguardiente frío en la plaza. Su padre enseñándolo a ser hombre con la cara golpeada por la niebla y hablándole de los teatros viejos, que no eran teatros sino casas con cortinas negras en las que apenas se podía proyectar algo. No olvida la inocentada que siempre cuenta el viejo: una película árabe, blanco y negro y por supuesto, muda. Uno de esos espadachines del desierto corre con el delirio de muerte y se precipita sobre el héroe del filme. Éste lo despacha con un disparo certero al pecho, el árabe agoniza y cae muerto. Espanto en la sala. Pero el susto que lo deja pálido es ver, tan sólo una semana después, al mismo árabe en otro filme. “La magia del cine, hace resucitar a los muertos”.

En 1948, los teatros Atenas, Capitol y Apolo proyectaban películas como La profesora se divierte, Matrimonio sintético, Hotel del Norte, la actuación de Luis Sandrini en Yo soy tu padre y la producción de Alexander Korda El niño del elefante, en la sala Lux. Sin olvidar a los teatros menos conocidos como el Alcalá, Ariel, Encanto, Granada, Ideal, Imperio, Nuevo, Nuria, Odeón, Santa Bárbara, América, Carpa, Gloria y Murillo, con películas para mayores de dieciocho años como ¿Quién te quiere a ti? y La gallina clueca.

Alterno a la proyección cinematográfica, estaba el Noticiero Nacional Procinal con la transmisión especial de los sucesos de la Conferencia Panamericana. El trabajo de los hermanos Acevedo, al principio en comunión con Cine Colombia con el Noticiero Cineco, luego respondiendo a encargos institucionales y privados, dio inicio al cine-periodismo, especializado en la realización de documentales que registraron la actividad política de Enrique Olaya Herrera, las corridas de toros, el carnaval de Barranquilla entre otros espectáculos nacionales.

Ese viernes era el estreno de Aguas borrascosas, con Michele Morgan y Jean Gabin, pero la película del año se anunciaba desde el primero de abril por la empresa que desde Medellín se convertía en la gran competencia, Cine Colombia, constituida por Gabriel Ángel y Roberto Vélez V. (1928). Traían la “Superproducción Inglesa que ha Conquistado los aplausos del Público y de la Prensa Capitalina, y que fue Clasificada entre las diez mejores películas de 1947: Con John-Mills y Valerie Hobson, Grandes ilusiones”, producida por Arthur Rank y la Universal International.

Con el documental que los Acevedo hicieron en 1945, La semana de la democracia en Bogotá, que buscaba fortalecer la campaña de Jorge Eliécer Gaitán, este muchacho que se acomoda en las poltronas forradas en tela roja y que enciende un cigarrillo liado en papel de arroz, comprendió desde el ojo popular el clamor del pueblo por un solo hombre.

Llegó al Apolo a la función Matinal, es decir, a las once de la mañana. Dejó a sus amigos paseando en las afueras de la ciudad; ninguno de ellos tenía particular interés en dejar el campo por una sala llena de humores incómodos como la huella del cansancio o el tabaco quemado.

Cuando salió era la una de la tarde. Visitaría a su novia, que vivía cerca de allí y luego vería si se reunía nuevamente con sus compinches de la Facultad.

Bogotá está destruida, anunciaba El Tiempo el doce de abril. “A quinientos millones de pesos ascienden las pérdidas totales”, fue otro de sus titulares, tres días después. Los teatros cerraron, las funciones se aplazaron, el caos se había apoderado de la Atenas suramericana. Las balas recorrieron el cielo como siguiendo caminos aprendidos de memoria, daban con el hueso, la carne, la cal, la piedra. El fuego abrasó a los bogotanos dormidos, a los que no tenían nada que ver, a los que lo provocaron, la censura de las brasas se llevó a los periodistas y produjo un menhir de cadáveres sin nombre ni sepultura decente.

Los espectadores apasionados por el cine europeo y mexicano —esos días se proyectaban Iván el terrible en el Capitol y Soy charro de rancho grande en el Atenas— tuvieron que salir corriendo por el bullicio de las calles, la desolación y angustia de los mejores dramas de la época se habían cristalizado en Bogotá. El joven estudiante de Derecho paseaba con su novia cerca del salón San Moritz —donde bebía Gaitán y del que hoy cuelga todavía el retrato del general Rojas Pinilla—cuando de la Séptima llegó el vapor de la insania y los clamores demenciales de una multitud descabezada.

Ocho días después, el 17 de abril de 1948, cuando Bogotá renacía de las cenizas y se recuperaba de la miserable tragedia, la Alcaldía de la Ciudad en conjunto con los teatros de cine reanudó las funciones, matinal y matinée, contribuyendo al restablecimiento de la normalidad. La motivación compartida era destinar la totalidad de las entradas de ese día a la Cruz Roja Nacional.

La proyección cinematográfica se estabilizó a partir de esta iniciativa, que revivió los teatros capitalinos que habían sobrevivido a la furia del Bogotazo. El 21 de abril Cine Colombia volvía a proyectar Grandes Ilusiones, el teatro Lux exhibía Noche de recién casados, Cine Metro traía el espectáculo protagonizado por Frank Sinatra, Kathryn Grayson y Gene Kelly, Leven anclas, producción de la MGM en technicolor. Como una señal de esperanza, el Mogador expuso el filme Del cielo bajó una estrella, con Bing Crosby, Fred Astaine y Joan Caulfield. El teatro Faenza estrenó La senda encantada, retornando a la estructura anterior que se anunciaba con un “corte en color y noticiero”. Volvía el cine, volvía el arte a la ciudad que se había sumido en las sombras de la locura.

Ella murió. El joven la buscó desesperado entre los escombros, pero se estrelló contra el imperio de la nada. Mientras la multitud desenfrenada marchaba hacia el foso de la muerte histórica, él recorría las salas de cine con la inocua esperanza de verla nacer del celuloide.

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9 comentarios

Archivado bajo Crónicas y reportajes

9 Respuestas a “Proyección interrumpida

  1. Mi estimado Fernando, más que la alegría de encontrar una nueva chambonada, lo que más me alegra es la misma chambonada. Pasa con el cine lo mismo que con la vida. Muere una persona como acaba una película y seguimos siendo tan insensibles que, a excepción del caso de Gaitán, empezamos otra historia, sin dedicarle si quiera un segundo de silencio.

  2. Y me gustaría saber, además, a qué archivo recurriste para saber con tanta precisión las películas que proyectaban las salas por esa época.

  3. Estuve por la Luis Ángel recurriendo a esa labor de revisión de rollos en esas máquinas paupérrimes y tristes. Consulté el archivo de El Tiempo de abril de 1948, en concreto, la sección de Vida social y Espectáculos cinematográficos. Tendrías que ver los recortes, son realmente interesantes.

  4. Rafael Bonilla

    No soy colombiano, pero como latinoamericano siempre me he interesado por los asuntos cotidianos de nuestros hermanos. Acerca del Bogotazo, he llegado a considerar, que la actitud mas descabellada, tomada por un colombiano, una casta social, un servicio de inteligencia, un presidente, un secretario de unas fuerzas armadas, un jefe de policia en fin una actitud tomada por una clase gobernante fue precisamente la actitud tomada por la clase gobernante de Colombia al momento de decidri el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán Ayala.

    Muchas sangre y dolor sub-siguiientes pudieron haberse evitados, ya que la violencia política tomo otro camino y hoy a cuatro decadas de ese recrudecimiento de la lucha armada no se perfilan posibilidades de finalizacion.

    Los cicarios torpes y demente casi siempre se equivocan al momento de tomar ese tipo de decisiones, o sea, la de mandar a asesinar a un dirigente opositor democratico como lo era Jorge Gaitan.

    No obstante a ello, colombia ha sido y lo sigue siendo una tierra de hombres y mujeres civilistas y de grandes dotes de conciencia social y saldra a camino, saldra trinfante de este casi centenerio conflicto. A todo lo largo de su historia Colombia ha brillado por su valentia y su oposicion a los regimenes dictatoriales y creanme hermanos colombianos, que los principios, ideales y concepto de libertad de Eliécer Gaitán se haran realidad.

    Esa sangre derramada no fue ni sera en bano, el pueblo habrira definitivamente los ojos y se dara cuenta de todo de como los actuales gobernantes los enganan, de como los violadores de soberania enagenan la soberania colombiana y cuando el pueblo concrete todo esto y lo tenga bien en claro, entonces, la inclemensia sera de consecuencias impredecibles.

    Deso, que la union del pueblo colombiano se haga realidad y que puedan unidos rescatar su soberania, que esta empenado por un simple tratado de libre comercio, que de libre y de comercio no tienen nada. En esta tratado lo que se busca es mejorar la situacion geopolitico del impewrio yamkis en sur-america, se busca ademas, convertir a colombia en patrio tracero de una politica de dominacion en todo suramerica, que despierta y le dice no a los gobernates totalitarios por regimenes verdaderamente democratico en que el pueblo va recobrando su poder de decision en las urnas, en el congreso y en el propio poder ejecutivo.

  5. Agradezco al señor Bonilla su grandilocuencia, lamentablemente manchada de uno que otro error tipográfico y algunas emociones tradicionales del “hermano bolivariano”.

  6. También le agradezco la fe en este país venido a menos. Dígame la verdad, ¿qué se echa?

  7. Sumamente de acuerdo. Muy buena opinión.

  8. Johnk984

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