Osetia del Sur, la encrucijada

Por: Fernando Torres

La soberanía de la República de Osetia del Sur fue proclamada el 20 de septiembre de 1990, luego de haber pertenecido, por mandato de Iosif Stalin, a la entonces República Soviética de Georgia, desde 1922. Sin embargo, su independencia nunca fue aceptada por otro país, y hoy, con la intervención de los antiguos polos opuestos de la Guerra Fría, se reviven los enfrentamientos militares que sucedieron a su declaración en la última década del siglo XX.

El pueblo osetio pertenece a una etnia distinta a la georgiana, proviene de las llanuras rusas al sur del río Don y fue movilizado en el siglo XIII hasta el territorio que actualmente ocupa por las invasiones mongolas en las montañas del Cáucaso. Sus intenciones de independencia se deben al deseo general de regresar junto a sus hermanos étnicos de Osetia del Norte, una región autónoma de Rusia.

El inicio del conflicto en la región puede ser rastreado hasta el ocaso de la Unión Soviética y se agudizó tras la llamada Revolución Rosa en 2003 y la ulterior elección del primer mandatario de Georgia, Mijail Saakashvili, un año más tarde. Saakashvili, en su afán de incorporar su país a la Unión Europea y la OTAN, declaró todo el territorio bajo control gubernamental, contando a las separatistas Osetia del Sur y Abjasia; el presidente pretendía conquistar a las regiones con intereses independentistas por vía política mientras que con la ayuda del gobierno estadounidense, fortalecía su aparato militar.

En 2006, en un referendo promovido por los separatistas, se votó por la absoluta independencia, contando con el establecimiento de tropas rusas en el territorio con el objetivo de mantener la paz, aunque desde Moscú se anuncia un incondicional apoyo a la separación.

Desde Occidente y como respuesta a la presencia militar rusa en la región, el pasado 13 de agosto Estados Unidos anunció que usaría aviones y fuerzas navales para brindar ayuda a Georgia debido a la fragilidad en el cese al fuego por parte del Kremlin, anunciado un día antes.

A raíz de esta polémica situación, la Unión Europea, con la presidencia rotatoria en Francia, ha tomado la iniciativa de promover el cese al fuego y del restablecimiento de la paz con la condición de que tanto las tropas georgianas como rusas se retiren de la región y regresen al punto en que se encontraban antes del comienzo del conflicto. Este plan fue aprobado por los Estados Unidos, aunque es inminente la victoria militar y diplomática de Rusia debido a su fuerte influencia en el territorio.

Tras cinco días de hostilidades, los dos países aceptaron el plan y en Tiflis, capital de Georgia, los manifestantes celebraron la decisión y demostraron su apoyo al presidente Saakashvili, denigrando la intervención de Rusia.

Aunque la iniciativa sea la de retirar las tropas, los ánimos de ambos bandos continúan en su tónica beligerante y todavía faltan varias negociaciones para alcanzar un verdadero acuerdo en cuanto al restablecimiento de la paz y la soberanía de la región.

Los intereses

Las relaciones entre Georgia y Estados Unidos van más allá de esta colaboración coyuntural. Por ejemplo, es innegable la presencia de tropas georgianas en el ejército de ocupación en Iraq como parte de la coalición liderada por su aliado más importante. Además, está vigente la motivación del presidente Saakashvili para occidentalizar su país y reforzar su maquinaria bélica con apoyo de sectores industriales y gubernamentales estadounidenses.

Osetia del Sur es también una región rica en recursos energéticos, como el petróleo, éste ya un conocido objetivo primordial y piedra angular de las intervenciones internacionales de Rusia y los Estados Unidos; para el bando occidental, las alianzas entre Osetia y la potencia asiática significarían una disminución considerable, si no total, del control sobre la obtención de estos recursos.

El costo humano ha sido alto con miles de muertos y desplazados que piden paz en Gori y Tiflis. Algunos han terminado en campamentos para refugiados tanto en Rusia como en Georgia, Estados que según las víctimas: “debieron haberse sentado a dialogar, antes de comenzar a matarnos”.

El conflicto en Osetia del Sur podría ser visto como otra de las reminiscencias de la Guerra Fría, una encrucijada de intereses bipolares que resurge tras veinte años de relaciones diplomáticas relativamente estables.

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